Te concedo futuro, a cambio de tu libertad

El terrorista de Christchurch escribió desear “asegurar el futuro de su gente” (infobae.com)

El fundador de Mägo de Oz –Txus para los amigos-, culminaba con este verso su canción titulada Satania. Se atrevió a describir una distopía atravesada por la virtualidad de un mundo interconectado por internet. En ella, el ser humano acaba enajenado, aislado de su condición afectiva, espiritual y crítica. Publicado en el año 2000 yo disfrutaba su excentricidad en mi reproductor de compact disc, ajeno a un mundo que tardaría algunos años en problematizar. Hoy, consternado por el crimen terrorista en Christchurch, observo el vídeo del asesino -su engreída grabación tiroteando a bocajarro a las víctimas- y de pronto Satania regresa a mis oídos: los paraísos son diferentes, pero el diablo es el mismo.

Hasta ahora todo apunta a un plan bien organizado. Tres personas han sido relacionadas con los asesinatos y los explosivos de dos vehículos. El manifiesto publicado por el más conocido hasta ahora, Brenton Tarrant, parece tener relación con la supremacía blanca y el dado en llamar “The Great Replacement”; según el cual la población blanca de los países “civilizados” está siendo “conquistada” por la inmigración con el consentimiento de sus gobiernos, acusados de traidores.  El acceso a dicho documento parece estar restringido, probablemente eliminado junto a la grabación streaming  del autor. Aunque el hecho de que su identidad sea excluyente de las demás es moneda común entre los asesinos con aires de pensador, lo terrible es que no creo que dichos sentimientos sean casos aislados.

Ilustración: Pilar Zapata Luján

No nos equivoquemos. Pese a las evidentes y probables condenas que vendrán, este atentado ocurre en un momento muy particular para el debate político occidental. Investigadores y periodistas, voces más autorizadas que quien suscribe, avisan continuamente de que estos odios están insertándose, cada vez más, en nosotros mismos.  La prueba fehaciente de que no estamos preparados para defendernos intelectualmente contra los horrores genocidas del futuro la tenemos delante de nosotros: tanto en las pantallas que observamos cada día como en las palabras  de nuestros compatriotas en la calle. Especialmente aquellas  que no sabemos (o atrevemos) a discutir. Todos somos tolerantes hasta que se nos cuela un inmigrante en la cola del autobús. Además, ¿quién puede sostener racionalmente que el muro del presidente Trump no tiene ningún sentido si los mexicanos indocumentados de EEUU son ilegales? Para muchas personas, los habitantes “blancos” y cristianos de Europa –y Occidente, por extensión- son víctimas de las intransigentes agresiones de las mujeres, los inmigrantes y los musulmanes; colectivos que estarían de alguna forma “vengándose del hombre blanco”. Quienes así piensan son casi invisibles en canales de televisión, pero sus decisiones y opiniones nos son cada vez más familiares.

Ante un atentado de claro corte anti-migratorio, xenófobo y “supremacista” -contra una comunidad que no supera el 1% de la población neozelandesa- está por ver la interpretación del acto por parte de partidos políticos europeos afines a estos rasgos ideológicos. Contrariamente a lo que pudiera parecer, a pie de calle estos crímenes, lejos de enjuiciarlos “blanquean” a dichos partidos. El hecho de que condenen la violencia y jueguen a la tolerancia democrática les otorga cierto aire de legitimidad –incluso de arrojo, por defender “lo que nadie más se atreve a decir”- intentando esconder el hecho de que comparten diagnóstico social y fundamentos ideológicos con dichos terroristas. Avivar el fuego y penar por las llamas.

España no se queda atrás en esta tendencia a liar, entremezclar y refundir los discursos, desprestigiando el lenguaje político. Atendemos cada día a comentarios precipitados e infundados sobre complejas cuestiones por parte de portavoces políticos; cuando no se trata de dimes y diretes entre sus insustanciales trifulcas. No se trataría de proponer silenciar la voz de nadie (“vencer”), sino de propiciar debates sosegados y honestos sobre las alternativas éticas de cada formación política (“convencer”). De lo contrario, seguiremos permitiendo tóxicos adoctrinamientos que nos lleven desde la ignorancia hasta la violencia.

Lo más reseñable de este hecho me parece la profunda similitud entre los agresores y los terroristas de DAESH. Su propaganda ha sido ampliamente analizada por los medios occidentales, que ponderaban su pretensión fílmica para conseguir adeptos. De igual forma, el infantilismo de grabarse cometiendo el crimen con una cámara gopro (como si de un first person shooter se tratara) resulta, si cabe, menos ignominioso que sus ínfulas de héroe-mártir que muchos como él parecen compartir y espero que los medios no cooperen en promover.

Publicado originalmente en lacronicadelpajarito

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