En tierra de poetas, quien no rima, sueña despierto

© abrahamsotolobo.com CUÉNTAME LA HISTORIA DE NUEVO, HERMANO en la que el chico creía ser un gigante que dormía. Que paseaba entre las copas de los árboles como si fuera un semidiós y vivía en un hermoso bosque bajo un enorme cielo. Que era un príncipe amante de una rosa que debía cuidar y hablaba con ents y hobbits y elfos y…
© abrahamsotolobo.com TRAS UNOS MINUTOS ME ENCONTRÉ PERSIGUIENDO la luz del sol. Escurridiza entre las ramas de los árboles y atenuada por las últimas nubes invernales, recorrí gran parte del trecho sin darme cuenta de que a pesar de todo, el paseo, salpicado de nieve aquí y allá y, aderezado con el olor a tierra escocesa mojada, era muy agradable. El camino me conducía a la casa de mis hospedadores, quienes serían mi familia durante tres meses. Aquella tarde no lo sabía, pero ya estaba enamorado de Escocia
© abrahamsotolobo.com PEGUÉ LA OREJA AL SUELO, BIEN ATENTO para no perderme señal alguna de hobbits. Tanta vida bulle en la tierra mojada al salir el sol. Todo bicho viviente o con posibilidades de ello, por corta que sea su existencia, aprovecha la luz del sol. Era imposible no imaginar al maestro Tolkien apoyado en un tronco escribiendo las primeras líneas de El Señor de los Anillos…
© abrahamsotolobo.com EL SANTUARIO DE LOS ELFOS siempre supuse que estaría en Reino Unido, más concretamente Escocia a pesar de que Tolkien fuera inglés. Obnubilados, culturizados o como queramos llamarlo: vemos lo que queremos ver. Yo me sentía en un mundo mágico, sólo para mi divertimento: escalar árboles, oler su madera, escarvar la tierra -y sí, olerla también- y lavarme en sus burn.
© abrahamsotolobo.com YA SE ENCARGA LA PACHA MAMA DE RECORDARTE que estás bajo su dominio. Una llovizna chispeo lo llamamos en mi tierra- casi imperceptible cala a través de dos camisetas de manga larga, jersey de lana y cazadora. Pese a ello, instantes después soy capaz de desprenderme de todo ello. Como si en mi ensoñación romántica de esta tierra pudiera absorver más puro el oxígeno, la magia de ese lugar tan especial.
© abrahamsotolobo.com PORQUE A PESAR DE LA LEALTAD a mi hogar, me obligo a recordar: Águilas vuela alto y rápido: cruza la tierra, casi sin mirarla para derramarse en su orilla. Mi lealtad está con mi mar, el blanco, que llaman los árabes. Esta tierra áspera requiere mucho tesón para pasar por alto la aridez. El reflejo constante de un dios de fuego inclemente, omnipresente.
© abrahamsotolobo.com EL CARTEL DE LA FAMOSA PELÍCULA BIG FISH me hace detener en seco, desenfundar y disparar-¿el instante decisivo?- Recuerdo mi sensación. Durante la última escena, en una fracción de segundo: el pez nadando, feliz, sin remordimientos en el agua tras una vida plena -sincera, honesta, como una flecha en vuelo– No tenía seguro lo de la vida plena, pero sobre la felicidad sí lo tenía. Qué se le va a hacer, soy bicho de campo.
© abrahamsotolobo.com UN POCO MÁS DE NOCHE, PHILIPPE EL CABALLO DE MAURICE iba de camino al castillo de quien sería la Bestia. Trotaba el pobre aterrado, acompañado de aullidos y otros tétricos sonidos que me hacían agarrarme a la manta cuando veía la película. No dejé de caminar al disparar hacia el cénit escocés: Philippe tampoco lo habría hecho.
© abrahamsotolobo.com HA PERDIDO LA CABEZA, OBVIAMENTE. Sin arco ninguno y sin abrigo –despojóse de él segundos antes, al pie del árbol– se encarama a sus ramas, a soñar que es libre. Construye castillos en las ramas, otros mundos donde no tiene que pagar alquileres y es dueño del aire que respira. Acaba de disparar una flecha que no se ve. O quizá esquivó tan rápido los árboles que nadie se percató de su existencia. De su precisión, de su amor, de su tristeza. De su locura indómita que hubiera permanecido invisible de no ser por esta fotografía. Un momento único, perdido en el tiempo y el espacio, que no se repetirá jamás. Que no significó más ni menos que eso mismo: una flecha que deseó existir.
© abrahamsotolobo.com UN RELOJ DE SOL EN ESCOCIA: qué mejor demostración de la terquedad escocesa. Es más fácil encontrar un olivo que una sombra decente. En cualquier caso, los señores de los siglos diecitantos amaban estas demostraciones de virtuosismo en el gusto, que no deja de llamar la atención sobre un fondo de sheepies, como las llamaba mi holandés de bolsillo.
© abrahamsotolobo.com MUCHAS FOTOGRAFÍAS QUE AHORA VERÍAMOS CON DESDÉN son similares a las que miramos con curiosidad en otro país. En casa de nuestros abuelos parecen perder sentido porque muestran una obviedad paisajística o tradicional. Pero en el extranjero uno las observa pensando: ¿cuál era el propósito de tomarla? Quizá eso mismo: la reafirmación de lo que hay, lo que existe, lo que somos. En lugar de mostrar lo que desearíamos ser, o lo que vamos a comer sin haberlo comido aún. Esta fotografía se convirtió en aquello mismo durante la estancia en Escocia; el hogar.

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